
POLÍTICA..
ELECCIONES: LA MAYOR FIESTA DE LA DEMOCRACIA
Quizás usted, amable lector que me lee, recuerde aquellas elecciones que se hicieron tras el gravísimo atentado de Atocha, elecciones que se realizaron bajo el impacto de la rabia contenida, el miedo y el dolor de ver casi 300 ciudadanos asesinados por el terrorismo yihadista, y aún peor, ver que el Gobierno de España, sin duda "nuestro gobierno", comandado por el ínclito Aznar, nos mentía, y con el fin de intentar seguir manteniendo la poltrona, acusaba de la masacre terrorista a ETA… "Si mantenemos la idea de que ha sido ETA, ganamos de calle seguro" fueron palabras del ministro Zaplana, un corrupto como la copa de un pino carrasco, como pudimos ver después.
Pero también se le añadió a la convocatoria la esperanza: como fue derrotar a la mentira como forma de solidarizarse con las víctimas inocentes y sus familiares. Pero hoy, ante la nueva llamada a votar, solo veo enfado. Enfado desde la perplejidad, enfado ante la polarización y un gran enfado desde contradicciones insalvables. Pero también hay furia, una furia contra EEUU, Rusia, Israel y ahora se ha sumado Marruecos.
Hay enfado contra Pedro Sánchez, desde hace mucho tiempo, pero se le sigue valorando por encima de los demás, quizás porque el ciudadano no ve propuestas beneficiosas de ninguna clase por parte de la oposición, sino un deseo patológico de desbancar a presidente y apropiarse de su sillón, por lo civil o lo criminal…
Hay enfado porque al mismo tiempo que se apoya la amnistía catalana, no se entiende la miserable actitud de los catalanistas y separatistas de Junts, pero hay una cuestión muy importante que no sé a quién corresponderá suavizar el enfado, quien conseguirá que el día 29 de noviembre, a las 20 horas cuando los colegios electorales cierren, lo consiga, o por el contrario el enfado vaya en aumento.
El enfado, como también cierto temor que hoy observo en nuestra sociedad, son hijos de la misma madre y que algunos no aprenderán la lección jamás.
Se oyen frases como que hay que hacer un plebiscito sobre la vivienda ¿ahora? y ¿porqué no se ha hecho en los últimos años, en las últimas décadas? O lo más chocante, un plebiscito sobre Catalunya, ¿de verdad? ¿y con qué fin? ¿encarcelar a Puigdemont, al TC y al Tribunal Europeo?, plebiscitos ¿para qué?
El señor Sánchez tendrá ocasión de comprobar lo que le queda del PSOE, que igual es mucho más de los que algunos pronostican; el "Frente Amplio" intentará demostrar al mundo que tiene dos dedos de frente, y no como ahora; Podemos —¡ay, Podemos, Podemos!...— se demostrará a sí mismo que ya no "puede"; Compromís va a disfrutar de lo lindo elaborando frases brillantes, con ese regusto por una parte huertano y de otra franciscano; el PP ya está echado cuentas (lo viene haciendo desde no se sabe ya cuando) y ve que no llega... y Vox echará cuentos.
¡Ah! y aparecerán banderas, esas rojas y gualdas, que hay que vestir al patriotismo con franela, sobre todo esa que divide por la mitad a la España de Machado (salvo que juegue la selección de fútbol con un "morito" marcando goles como el simpático Lamine).
Y
un resumen: Si
los líderes fueran capaces de hacer desaparecer o asedar el miedo,
igual las elecciones serían una bendición; sin miedo ni enfado,
serían como deben ser, la mayor fiesta de la Democracia.