Política

¿Y SI HABLAMOS DEL TRIGO?

En España entre Andalucía, las dos Castilla y Aragón, que son sin duda el granero ibérico, dos millones de hectáreas se destinaban para su cultivo, pero en el pasado año, 2026, ya dejaron de cultivarse un 20% de esta superficie, o sea 400.000 hectáreas menos, que han quedado incultas, aunque no de barbecho, pues el barbecho aún se sigue roturando, pero han quedado abandonadas con un futuro incierto ya que se teme que esa superficie en abandono, se duplique o triplique en 2027; como viene ocurriendo desde hace años.

Lo llamativo es que mientras España (todavía) produce ocho millones de toneladas de grano, importa la misma cantidad, lo que nos hace, como en tantas otras cosas, ser dependientes del exterior para poder abastecer la alimentación humana, como la fabricación de piensos, al ser una potencia ganadera a escala mundial.

¿Qué es lo que está ocurriendo?, pues muy sencillo, la aguda crisis que está atravesando el sector agrícola en general, y el cerealista en particular. Es completamente entendible que no se puede seguir cultivando cuando los costes de producción: fertilizantes, gasóleo, semillas, etc, se disparan mientras el precio que se vende el cereal permanece igual que hace varios años… sencillamente que las cuentas no salen.

El cereal tiene una estructura de costes muy fácil de entender, como es el gasóleo necesario para la maquinaria empleada para labrar la tierra, sembrar el grano y cosechar. Los fertilizantes nutrientes de las plantas y las semillas que también están en manos de grandes empresas internacionales. Estos tres pilares para la producción, en los últimos cuatro años han experimentado una subida que es imposible mantener el cultivo.

Los costes de producción del trigo se han duplicado, pero por otra parte los precios de venta del cereal siguen prácticamente estancados, en niveles similares a los de hace décadas. La ecuación no admite muchas interpretaciones: incluso con una buena cosecha, el agricultor cerealista pierde dinero. Producir más ya no garantiza rentabilidad; sino que en muchos casos solo significa perder más.

La consecuencia es clara: el trigo en España va camino de desaparecer de los campos castellanos, andaluces y aragoneses. Una verdadera tristeza que ya no los podamos ver como hace años los veíamos, como un excepcional mar verde, o cuando llegada la hora de la trilla, esos campos dorados que tanto he admirado.